La columna vertebral



Hace una semana la música estuvo de fiesta, pero como sabemos algunas fiestas a veces terminan bien en algún karaoke céntrico con un Longo al comando de un micrófono y otras veces terminan mano a mano sin remera, vereda y actitud Ze Pequenho a flor de piel. Básicamente terminan todo mal. Normalmente esto se debe a que no nos entendemos con el “prójimo” o simplemente aún no evolucionamos de la etapa neandertal.

El “Pilsen Festival” tomó lugar el sábado pasado. Aproximadamente 8000 aficionados corearon temas de grupos internacionales y nacionales. Impecable gestión de los organizadores, grupos, ere erea. Esto es todo lo que tengo para escribir sobre esto. Punto.

El punto a debatir, la nuez moscada del asunto es el desenlace que tuvo dicho evento. Resumiendo la noche. El festival: una fiesta, la gente: pasando 10 puntos, los organizadores: contentos prometen una segunda edición del festival ya para este mismo año, ¿y qué paso? Aparece un grupo que no cuadraba con el perfil del público (según ellos, no todos, pero lo justo y necesario). Los K-Chiporros toman el escenario solo para abandonarlo minutos más tarde con algunas cicatrices e historias para contar a los nietos. El estilo musical del grupo no era de “ssssaaoonda” de la muchachada.

Me pregunto, si yo me voy a un espeto corrido y a mi no me gusta el pollo, ¿le tiraría una piedra al mozo por traérmelo, o le diría no gracias?. Tal vez me enojo lo suficiente como para retirarme del local. ¿Pero agredir?

PAUSA…

¿Qué diablos tiene que ver toda esta verborragia con marketing o publicidad? Mucho. Es mas, absolutamente todo. La idiosincrasia de un país determina la calidad y el tono con el cual nos comunicamos. El tono con el cual países vecinos nos escuchan. Estaría bueno estar haciendo zapping y no ver en canales locales que un grupo nacional fue apedreado porque el público estaba “muy loco” y llegar hasta CNN y ver que el estadio de futbol más emblemático de tu país se acaba de hacer tortilla matando dos personas e hiriendo 5 más.

Tomemos a la cultura del país como el vocero oficial del mismo. Es nuestra “lobbyista”, la que se va a las cenas y hace los chistes elocuentes, es la que hace que nos veamos bien o mal ante el mundo. Siendo este el caso, la cultura es un producto social, que en todas las circunstancias en las que el hombre ha ido creando ideas, rituales, simbologías y representaciones, ésta, asimismo, lo ha moldeado y podríamos decir que termina por definir al HOMBRE. Pero el concepto en su aceptación más amplia significa lo que el hombre es y puede ser (Atención Paraguay! Si se puede!). El ser humano reconoce el valor de la cultura y lo que significa en su vida y hace de la cultura; un objeto social de enorme significancia, con los que han construidos lenguajes diversos en el proceso de comunicación.
Es decir, los acontecimientos que vivimos son directamente proporcionales a las experiencias subjetivas que forman parte del conocimiento formal o no formal interpretado a partir de los valores, expectativas de vida, formas y esquemas mentales, ideas generales sobre la vida, etc. que hemos dado como válidas o “de verdá”, cuyo conjunto constituye la cultura en la que hemos sido socializados. Son los acontecimientos, los eventos los que registran las experiencias que serán reproducidas en nuestro día a día y transmitidas por generaciones en condiciones de reproducción.
O sea, lo que hagamos hoy, nuestros hijos fotocopiaran y enviaran por fax al mundo.

En líneas generales el esfuerzo colectivo que tenemos como paraguayos es la tendencia de tirarnos para abajo. Especialmente en lo que se refiera a cultura. Si alguien sale con un disco, seguro le copio a otro grupo o el clásico “si pero los kurepas son mejores”. ¿Cine nacional? Inexistente aún pero con fuertes indicios de nacer y tomar vuelo en cualquier momento, si no recibe apoyo es difícil que logre prosperar.

Hay algo que no termina de impresionarme, en realidad he aquí el caracú del asunto. ¿Por qué será que recién cuando algo paraguayo triunfa “allá” en el mundo y recibe elogios de “afuera” nosotros (paraguayos) logramos apreciarlo?. Debe ser totalmente invertido el proceso. Nosotros tenemos que creer antes y escuchar apreciaciones después.

Decimos que vemos en distintos países un movimiento cultural. Esto es mentira. En otros países vemos CULTURA, sana, en etapa adulta, cultura que prospera. En Paraguay vemos un revuelo cultural que intenta salir al escenario todos los días de su vida y recibe piedras en la frente. En algún punto de nuestra historia, esta cultura puede llegar a recibir una piedra que apague las luces de la misma por siempre. Ya no van a ser diez puntos y dos días de reposo. ¿Será que en el fondo en realidad queremos que esta dieta de mandioca a la que veníamos acostumbrados llegue a hacer esto con el futuro cultural del país?

Para tolerar algo primero tenemos que entenderlo. Ya he escuchado la frase “en Paraguay no se puede luego” mil cuatrocientos treinta y dos veces. Efectivamente este es el caso gracias a este tipo de acciones. En Paraguay se puede y se debe.

“Sin música la vida sería un error.” - Friedrich Nietzsche

Por Esteban Aguirre Barrail
Director Ojo de Pez S.A

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