La columna vertebral






















La apple de Adán


La comunicación nació de necesidad. Al menos eso es lo que me viene a mente cuando leo sobre estos libros-manuales que se convierten en best Sellers de la noche a la mañana todos con el mismo monotema: La seducción. El sexo. Los hombres toman los martes y las mujeres escuchan Venus. Hay un tema ahí, y esta latiendo al 2x1.

Dicen que los hombres son perros y las mujeres son gatos. Nunca nos vamos a entender y todo eso tiene un porque. Acá va mi interpretación sobre el tema.

¿Por qué un libro-manual de seducción arrasa en ventas en el mundo? ¿Por qué millones de hombres se lanzan a comprar el libro? Creo que la respuesta la sabemos todos… PORQUE LO NECESITAN. Hay en el mundo entero un sentimiento por parte del hombre de soledad, de desamparo, de ineptitud respecto al sexo opuesto (se que hay unos cuantos Pérez Chávez que acaban de pasar a la siguiente hoja, feliz de ustedes Sres. Salud!). Sigo: Es como si “el secreto” de cómo tratar con las mujeres haya sido escondido, ocultado, apartado, codificado para que sólo unos poco privilegiados (Grande PC) pudieran verlo y conocerlo. La sociedad moderna, lejos de solucionar este problema lo ha incrementado. Cada vez es más fácil conectarse con medio mundo mediante una ventana de Messenger, pero cada vez es más complejo conversar con la vecinita. Podemos ser Giacommo Casanova a la hora de mensajear por celular y convertirnos en Kike a la hora de hablar. Podemos tener cibersexo (jamás lo hice mi amor) con una desconocida pero no poder preguntarle la hora a una chica en el micro.

El hombre moderno siente el abismo de su vacío y siente que la mujer es un ser extraño y complejo y las relaciones humanas una suerte de aventuras, desventuras; y complicadísimos enigmas de difícil o imposible solución. El hombre necesita (o eso parece) libros, manuales de cómo hacer una de las cosas para las que fue creado… relacionarse con las mujeres y tener hijos.

En un conocido libro existe una capitulo llamado Génesis en donde parece estar la repuesta, o más bien diríamos en la caída (cuando Eva y Adán comen el fruto del árbol prohibido). Al principio Dios creo al Hombre, y vio que no era bueno que el hombre estuviera sólo y creo a la mujer:“Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban”. O sea, que en el paraíso no había problemas. Estaban los dos con sus trajes de (jaja) Adán y Eva, todo el día y allí el problema no existía. Fue después de morder la manzana que empezó el paá, empezaron los problemas, las incomprensiones y los dolores de cabeza a mediados de la semana. Y así hasta nuestros días dónde los hombres compramos sin cesar libros y manuales que nos enseñen como invitarles salir a tomar un café o al menos comer una manzana con una mujer.

El Génesis dice que, relacionarse, seducir, conocer (en el sentido bíblico) e interactuar en general con mujeres, es una habilidad con la que nacemos, pues a fin de cuentas es algo de lo más natural. El problema viene justo después. Ya en la cuna, el comportamiento de nuestros padres, muchas veces confuso para nosotros, nos “mete en el disco duro” determinados sentimientos o pensamientos auto limitativos. Dependencia excesiva, miedo, falta de afecto, incapacidad afectiva. Lejos de mejorar la situación durante la niñez y pubertad tiende a empeorar y vamos adquiriendo malos hábitos emocionales o de comportamiento que nos alejan del “camino natural” a lo que finalmente se suma un avance tecnológico que supera al avance emocional del ser humano. Hoy en día la nueva generación y futuro de la vida que conocemos ha sido denominada Thumb Generation (Generación Pulgar) haciendo alusión al nuevo sistema de comunicación que hemos creado entre hombres y mujeres: el mensajito. Esto nos aleja de nuestras raíces, nos aleja de quienes somos como personas.

El hombre hoy en día, tiene en muchos casos PROBLEMAS DE COMUNICACIÓN con las mujeres. Ante sus ojos el es un perro encarando a un gato.
- Guau!?...
- Miau (suspiro)
Existe miedo, miedo al ya conocido encare; miedo al rechazo, a quedar en ridículo, miedo a las situaciones sociales intensas, miedo a expresar los deseos, miedo al contacto físico, etc.

Estos miedos de los cuales hablamos se originan en el propio origen en donde el estilo de vida del ser humano (en un mundo peligroso y desconocido) exigía ciertos cuidados de manera a no correr peligro. Probablemente si le metemos el encare cavernícola hoy en día y le garroteamos con un palo a una mujer nos vamos presos. Pero, saltar de tener mucho contacto a tener cero contacto es igual de inaceptable. Debería haber un policía que al menos te meta un reverendo akapete si te ve mensajeando en lugar de llamando.

Vinimos al mundo para comunicarnos. Para interactuar: para vivir. Sin eso, sin emociones, no existe nada. Y al final del día todo se suma a la suma de todos los miedos dividido por el instinto más básico pero más hermoso de todos (así es estimado Pérez Chávez): EL AMOR. La conexión entre hombre y mujer del cual (si bien establecida) nacen hij@s fuertes, con carácter, con personalidad. Lideres del mañana. Sin miedo a los rechazos y con hambre de desafíos. Nacen cartas de amor, poemas escritos en bancos de una plaza. Nace la comunicación que hace la diferencia entre un buen día y un mal día.

Como suelen decir esas personas que citan demasiado y hacen el chiste demás en las reuniones de trabajo, “El no ya tenes” por lo que no hay nada peor que no intentar encontrar la sorpresa de un SI.

En las palabras del gran pelado Corderas: “No hay fracaso mas rotundo de haberse venido al mundo pa´morirse y nada mas”

Ilustración por Dani Arzamendia

Por Esteban Aguirre Barrail
Director Ojo de Pez S.A

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